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Así Aprendí a Volar ! |
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J. Harvey Gray |
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la época previa a que las estaciones de radio omni-direccionales
reemplacen el volar sobre la orografía del terreno, y
antes que la radio en los aviones esté en uso, la
navegación aérea era algo así como una adivinanza.
Agréguele cadenas montañosas que se elevan a 21,000 pies
y motores certificados para 3,500 pies y sazónelo con
una ausencia de mapas confiables, y tendrá lo que era
volar en Ecuador allá por los años 30's. |
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Ahora, reduzca su
instrumental de vuelo a un compás magnético (el cual
funciona como un giróscopo direccional en ausencia de un
marcador de error en la zona ecuatorial), un indicador
de velocidad en el aire, un altímetro, un reloj y un
medidor de alabeo, y usted podrá visualizar los
elementos para la más sorprendente experiencia de
navegación aérea en 27 años de volar. |
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Durante la época
lluviosa, la zona costera de Ecuador está cubierta de
una densa capa de nubes de cuatro o cinco mil pies de
espesor, que a veces se abre solamente en las tempranas
horas de la tarde. El altiplano, un valle a unos 10,000
pies sobre el nivel del mar, donde se encuentra Quito,
descansa justo al este de la cadena principal de los
Andes. Aquí por lo general el clima es al revés, con
nubes aisladas por la mañana, tornándose cubierto por la
tarde. La cordillera que separa el altiplano de la zona
costera, va de 12,000 a 21,000 pies de altura. |
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Despegué de
Guayaquil una mañana, abordo de un Curtiss Osprey, en
uno de mis frecuentes viajes a Quito. El clima era
normal, por lo que mantuve mi acostumbrado procedimiento
de vuelo, el de mantenerme bajo la cubierta de nubes
hasta Santo Domingo de los Colorados, en las
estribaciones de la cordillera, al sur-oeste de Quito,
para luego virar al oeste alejándome de las montañas y
ascender en espiral hasta salir de la densa capa de
nubes. De ahí, el curso se reversaría en 180 grados,
para ascender hasta los 15,000 pies y poder superar así
la cordillera entre Santo Domingo y Quito |
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Desde este punto,
el procedimiento era de rutina. Era necesario encontrar
un agujero en las nubes, lo suficientemente grande para
descender por el. En éste viaje en particular, todo iba
bien. Encontré un agujero que me permitiría un descenso
en espiral. Abajo del agujero
y varios cientos de pies por debajo de las nubes, había
un lago grande, obviamente aquel que se encuentra junto
a Otavalo, a pocas millas al norte de Quito. A pesar que
no podía ver la orilla para una identificación positiva,
era indudable que se trataba del lago al norte de Quito,
pues no había ningún otro de esas proporciones en el
área. |
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Adelantado en mi
itinerario y relajado en mi estado de ánimo, me decidí
por un lento y confortable descenso en espiral, en vez
de una picada, como he tenido que hacerlo en otras
ocasiones. Entre en espiral desde los 18,000 pies y
emergí por debajo de las nubes. En este momento,
todo el procedimiento se me fue rápidamente al diablo.
Desde las nubes hasta el agua, todo estaba circundado
por una pared vertical de roca. Le había atinado a un
lago dentro de un volcán inactivo, que no estaba en
ninguna de las cartas de navegación que disponía. |
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Mantuve al avión
en un giro pronunciado para ver lo que podría ser mi
tumba, y era evidente que la única vía de escape era
hacia arriba. El agujero por el que entré, estaba
rápidamente desapareciendo cerca del cráter. Ya no pude
ver más el paisaje, porque tenía que reversar el espiral
lo más rápido posible. Yo solo quería salir de ahí |
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Durante la breve
exploración, noté que el lago estaba a unos 14,000 pies,
es decir 4,000 pies más arriba del que estaba buscando.
También noté que se pone realmente frío, cuando uno
respira profusamente al aire libre en esas
circunstancias. Los agujeros que
escogí luego para mi espiral de descenso, me mostraban
ahora largas fajas de tierra cultivada o caseríos a
10,000 pies de altura. |
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El bello y remoto
lago en un cráter está ahora en las cartas de
navegación, como una mancha azul oscuro. Los pilotos en
Ecuador ya no necesitan descubrirlo por ellos mismos.
Nota: El lago al que se refiere el autor es el lago en
el volcán Pululahua. |
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Tomado de la Revista Flying (sin fecha), gentileza del
Sr. Gary G. Kuhn |
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